viernes, 5 de septiembre de 2008

Un atentado, dice la historia oficial


Cientos de personas, en su mayoría trabajadores del conurbano bonaerense, salieron ayer de sus casas, muy temprano a la mañana para ir a trabajar como lo hacen todos los días. Ayer, como todos los días viajaron en condiciones infrahumanas. También ayer, como muchas veces sucede, hubo demoras en el tren que los lleva hacia la Capital Federal. Dos horas estuvieron parados, varados, encerrados en los vagones, hasta que les abrieron las puertas. El resto de esta historia, los incidentes, la quema de los vagones, la furia, se vio por televisión para todo el país. No que no se pudo ver, ni se puede ver desde hace rato, son las verdaderas causas de estos conflictos, de estos escándalos. Según los dirigentes opositores, el problema es el mismo que el de antes: el descontrol oficial sobre el transporte público, al que se pagan (pagamos todos nosotros) millonarios subsidios para mantener en buenas condiciones y a bajo costo, lo que no sucede en realidad. Pero ayer, hubo otra versión, que fue la historia oficial. El gobierno denunció dijo que los incidentes fueron, en realidad "un atentado" en el sistema de frenos de una formación, y responsabilizó de los hechos a militantes del "Partido Obrero (PO), MST y Proyecto Sur de Pino Solanas". Según el ministro de Justicia y Seguridad Aníbal Fernández, quien identificó al "militante del Partido Obrero, José María Escobar, que es preceptor de una escuela" como el que dirigía la operación, en la que "alguien que sabía lo que hacía rompió el tablero de los frenos del primer tren, se metió allí y con un líquido produjo el cortocircuito" que detuvo la formación y que sirvió como detonante de los incidentes en la estación Castelar. La versión oficial tiene graves implicancias, ya que admite la acción de un grupo desestabilizador, que cometió un atentado muy grave. Esta vez, no fue de derecha sino de ultraizquierda. Por ello, es verdaderamente importante que se aporten pruebas a la Justicia para sostener las graves acusaciones oficiales.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Un golpe de efecto a medias


Ni siquiera los medios mundiales, esos más preocupados por la salud del capitalismo global que por la de la Humanidad, que exigieron durante años que Argentina cumpla sus compromisos de deuda, se mostraron satisfechos con la decisión de pagar al Club de Paris de contado, con reservas del Banco Central. El diario británico Financial Times dijo que la decisión "no hará nada para mejorar el acceso de Argentina a los mercados financieros internacionales ni reducirá la dependencia forzada del gobierno a Venezuela para el financiamiento". En la nota titulada "Argentina da giro en pago de deuda" el matutino subrayó que la decisión de la presidenta "fue tomada luego de la turbulencia de los mercados y de temores crecientes entre inversores acerca de que la Argentina, a pesar de los datos macroeconómicos, está dirigiéndose a otra crash después de registrar el mayor default de deuda soberana en el mundo en 2001". Y agrega que, sin bien la noticia "fue recibida ampliamente como una buena noticia", demuestra "la reputación del gobierno por su imprevisión". The Wall Street Journal, que presentó a Fernández de Kirchner como "la presidenta populista de la Argentina", subrayó que "el pago de los 6.700 millones de dólares es un intento por disipar temores de los inversores". Mientras tanto, para el New York Times, "la Argentina sorprendió a los inversores" con la iniciativa, aunque destacó que "si bien la movida satisfizo a hombres de negocios locales, avivó las preocupaciones sobre las finanzas del país". Las afirmaciones de estos medios se pueden sintetizar en que el pago buscó un golpe de efecto que logró, a medias, pero sin embargo confirmó la imprevisión con que se maneja el Gobierno Nacional y debilitó la capacidad del Banco Central. Esto muestra, una vez más, que no hubo un cambio central en la forma de gobernar. Sólo maquillaje.

martes, 2 de septiembre de 2008

El pago y las formas de pago


El Gobierno Nacional anunció la decisión de pagar la deuda con el Club de Paris, estimada en 6.700 millones de dólares, con reservas del Banco Central. Algunos aplaudieron, otros criticaron, otros advirtieron sobre la necesidad del visto bueno del Congreso para poder hacer efectivo el decreto. Pero hay otros que repitieron la misma crítica que lanzaron cuando se pagó, de la misma forma, al Fondo Monetario Internacional. ¿Es necesario utilizar las reservas disponibles del Banco Central (BCRA) para pagar un pasivo que podría haberse reestructurado? Una cláusula del Club de París exige que estos procedimientos incluyan un monitoreo FMI del país deudor, en este caso la Argentina. Es decir, que el Gobierno no quiere por una cuestión supuestamente política o ideológica, que el Fondo monitoree la operación. ¿Pero es esto una cuestión ideológica, como también denominó el Gobierno Nacional al aumento de las retenciones para una redistribución de la riqueza? Estos temas le están costando caro al Estado argentino y está provocando que cada vez, haya menos riqueza para negociar. Así fue que el país pagará 15 por ciento de intereses a un amigo y compañero latinoamericano, como es Venezuela, cuando en los mercados internacionales cualquiera podría haber pagado la tercera parte de ese porcentaje. Se puede estar de acuerdo o no con el pago al FMI y al Club de Paris, de acuerdo a una posición política. Pero, según ese mismo criterio, no se puede estar a favor de gastar mal y mucho, en vez de lo contrario, con el necesario perjuicio a las arcas del Estado. Desperdiciar los cerca de 600 millones de dólares que se pagarán en intereses a Venezuela, o comprometer la fortaleza del Banco Central sólo para poder saltear el monitoreo del FMI, no es ni de izquierda ni de derecha, no es monetarista ni keynesiano, no es neoliberal ni socialista. Es absurdo.